| 40.000 negativos salieron a la luz! |
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El increíble trabajo fotográfico fue elaborado por Vivian Maier, una niñera de Chicago. El comprador del mueble inició una investigación para reconstruir la historia. Y hasta creó un blog para difundir la obra.
La historia comenzó cuando John Maloof adquirió en una subasta muebles y antigüedades que fueron puestos a la venta por los dueños de un depósito de almacenamiento debido a los pagos atrasados de sus dueños. Dentro de esos muebles, Maloof descubrió una increíble colección de más de 40 mil negativos, en su mayoría de formato mediano, cuya existencia ignoraba. Maloof encontró un nombre, Vivian Maier, escrito con lápiz en los sobres de laboratorio. Decidió entonces buscar información sobre la dueña de estos muebles y sus negativos fotográficos. Quería conocerla y contactarla, pero en la casa de subastas le dijeron que se trataba de una anciana enferma. Decidió no molestarla. Por lo poco que sabían de ella, se trataba de una refugiada judía francesa, nacida el 1 de febrero de 1926 y que había llegado a Estados Unidos en la posguerra, en la década de 1950. Incluso, algunos de sus trabajos muestran la ciudad de Nueva York, donde probablemente Maier residió durante algún tiempo.
En algunas de sus fotos se ven niños, y muchas están ambientadas cerca de la playa. Al parecer, según reconstruyó Maloof, Maier trabajaba como niñera para una familia en el lado Norte de la ciudad de Chicago. Después de contactarse con el diario para saber quién había dado la orden de publicar el aviso, John Maloof llegó a una dirección en el lado Norte, que no existía, y un número de teléfono que estaba fuera de servicio. Tantas preguntas sin contestar lo llevaron a crear un blog para difundir la obra hallada, . Desde allí, Maloof consulta qué hacer con este gran legado, hasta hoy desconocido. |





La pesquisa del flamante dueño de la antigüedad le permitió contactar a Central Camera Co., una de las tiendas de venta de artículos fotográficos más antiguas de Chicago. Ellos le contaron que habían conocido a Vivian, porque de vez en cuando les compraba la película que utilizaba para sus trabajos.
Los dueños de Central Camera dijeron también que tenía un trato muy distante y que amaba las películas extranjeras, a las que valoraba mucho más que a las americanas.


